La diversidad en las aulas de hoy y de mañana

Por Juan Francisco Palacios Lanzas, maestro de apoyo a la integración y Máster en Educación Intercultural.

La diversidad en las aulas de hoy y de mañana 1
Juan Francisco Palacios Lanzas.

Si comparamos la sociedad del siglo XXI con la sociedad del siglo XX, podríamos establecer muchísimas semejanzas, al igual que muchísimas diferencias. Un sociólogo, filósofo y ensayista polaco decía sobre nuestras sociedades actuales que se trataban de “sociedades líquidas”, en constante cambio. Y, obviadas las semejanzas que suelen existir entre dos sociedades humanas, las diferencias entre ambas saltan a la vista y al resto de los sentidos. Es por eso que la sociedad cambiante en la que nos encontramos deja más al descubierto la propia diversidad que existe en ella misma. Y, como cualquier clase, de cualquier colegio, es una profunda fotografía de lo que la sociedad de su entorno es, es en la actualidad donde más presencia cabe de las múltiples diferencias humanas.

¿A qué tipo de diversidad en las aulas nos referimos?

Nos encontramos con aulas con mayor diversidad que las aulas de las últimas décadas del siglo pasado. Más que las clases de nuestra infancia, que las de la infancia de nuestros padres y que las de la infancia de nuestros abuelos. Sin embargo, ¿a qué tipo de diversidad en las aulas nos referimos? A absolutamente todas las posibles. Un aula es un abanico amplio de diversas personalidades entre los propios alumnos quienes, dicho en lenguaje popular, son de manera evidente “cada uno de su padre y de su madre”. En cambio, la primera diversidad es la más importante a tener en cuenta: la diversidad personal. Cada alumno es una historia, es un universo de inquietudes propias, es una necesidad educativa y es una particularidad que jamás se repite en su totalidad.

La enseñanza cada vez tiene que estar más preparada

Partiendo de ahí nos encontramos las demás: diversidad académica, intelectual, afectiva, cultural, étnica, religiosa, social, económica, etc. Si este principio de diferencia entre alumnos lleva presente en las clases de todos los colegios desde que existe la Educación, cada vez está más acentuada y cada vez es mayor. Cada vez hay más diversidad en las aulas y cada vez hay que estar más preparado, desde la enseñanza, para contar con ella. No obstante, ¿hablamos de diversidad como obstáculo o hándicap al que hay que enfrentarse, o se trata de una fuente de riqueza que nutre a cualquier clase? Pongámonos en la situación de una actividad de clase en la que preguntas por las ideas previas de los alumnos. Imaginemos que a todos se les ocurre las mismas ideas sobre el mismo tema y eso entorpece la construcción de los nuevos contenidos que vas a explicar. Contenidos que presentas partiendo desde sus diversos conocimientos previos y que, sin la esencial y natural diferencia entre alumnos, se haría aburrido, tedioso y hasta complicado. Sin diversidad no hay riqueza, no hay variedad, no hay multiplicidad de caminos, no hay alternativas. Por eso, que exista es tan inevitable como importante. Debemos tomarla como lo que es: naturaleza propia del ser humano. Como lo que ha estado siendo: el pan nuestro de cada día en todas clases. Como lo que será: cada vez mayor.

Diversidad en las aulas presente y necesaria

La Educación necesita construir sus cimientos, el techo y toda la estructura sobre ella y que, entre todos, consigamos ponerla en alza como presente y necesaria. No todos los niños o adolescentes llegan al mismo sitio por el mismo camino y ese principio es el necesario para construir desde la diversidad en las aulas. No cabe mejor conclusión que citar una frase bahá’í al respecto: “La diversidad en la familia humana debe ser la causa del amor y la armonía, como lo es en la música, donde muchas notas diferentes se combinan en la creación de un acorde perfecto”.

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