El Parque de la Fantasía

Por Lorena Correa, directora del programa de Cuatro 'En el punto de mira'.

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Lorena Correa.

Seguro que en más de una ocasión te has preguntado por qué debes ir al colegio cada mañana. Por qué debes levantarte temprano, lavarte, coger la mochila y sentarte en clase. Me llamo Lorena, yo también fui al colegio, y te voy a contar cómo era la vida sin colegios, ni profesores.

El colegio es un invento relativamente reciente y, si la memoria no me falla, apenas tiene poco más de un siglo de vida. Porque, aunque pueda parecer mentira, hubo un tiempo mágico que carecía de centros educativos, clases, exámenes y malas notas. Las vidas en los pueblos y ciudades del planeta giraban en torno al llamado Parque de la Fantasía. Imagina por un momento que, con solo cruzar una puerta, pudieras hacer realidad todos tus sueños. El Parque de la Fantasía era esa gran fábrica de sueños. Los niños galopaban a lomos de unicornios o en coches tan potentes que atravesaban el tiempo y el espacio. Los más aguerridos se transformaban en un muñeco pop de Fortnite para emprender su particular lucha para salvar al mundo. Otros se pasaban el día con una larga capa elevados en el aire… Qué delicia era ver el parque desde arriba y jugar a cazar palomas en pleno vuelo. El Parque de la Fantasía permitía cantar y bailar junto a tu artista favorito. Si apretabas los ojos y esperabas unos segundos las Aitana, Billie Eilish y Ozuna de la época te invitaban a participar en un show sobre el escenario rodeado de miles de seguidores. Quienes tuvieron la enorme suerte de crecer sin colegios relatan que no era necesario sentarse frente al televisor para ver a Cristiano Ronaldo marcar goles. Lo tenías a tu lado montando un equipo para echar pachangas eternas. Porque los parques no tenían normas, ni horarios y cualquier sueño, por inverosímil que pareciera, se cumplía.

Una compañía estadounidense creó la galleta más deliciosa del mundo: la Oreo. Las esferas de chocolate rellenas de crema se hicieron muy populares. Además de mojadas en leche, se comían a modo de tarta o se bebían en batidos y cervezas. Porque la galleta Oreo se convirtió en una refrescante cerveza que se servía en los parques. La vida bien merecía la pena en aquel tiempo. Nunca podré contarte por qué de la noche a la mañana todo se esfumó.

Los benditos parques fueron sustituidos por colegios en lo que no quedó rastro alguno de Batman, Alejandro Sanz y los barriles de cerveza Oreo. Los niños dejaron de volar en unicornio y sustituyeron las capas por los libros de texto. Deja de preguntarte qué demonios estás leyendo porque, como bien has sospechado, esta historia no es cierta. Ni Cristiano Ronaldo vivió hace más de cien años ni Alejandro Sanz se paseaba por los Parques de Fantasía para cantar con prepúberes disfrutando de una fiesta eterna.

Todo, o casi todo, es mentira. Sí es cierto que una compañía creó a principios del siglo XX la que, posiblemente, sea la galleta más famosa del mundo. Su receta original de chocolate negro y crema se ha transformado en más de 60 variantes de tamaño y sabores. Esa galleta terminó en una tinaja fermentando un tipo de cerveza aderezada con lactosa. La galleta Oreo del Parque de la Fantasía es algo parecido al Periodismo o, al menos, es lo que intento humildemente explicarte. El Periodismo consiste en contarle a otro lo que sucede, lo que ha visto o lo que ha escuchado. Con una premisa que nunca debe pasarse por alto: el rigor.

La verdad absoluta no existe pero la vida está plagada de hechos que se pueden contrastar y de otros que no. La cerveza de Oreo existe, o al menos hay una empresa que ha fermentado en caldo con la galleta. La capa que permite volar a un niño aún no ha sido descubierta. Tú mismo sin saberlo ejerces un tipo de periodismo casero de tu propia existencia. Cuando llegas a casa, hablas con tus padres o hermanos y le cuentas qué has hecho en clase, o en el patio o en la calle, estás haciendo tu propio periodismo. Cuando un amigo te cuenta un problema y le preguntas porque quieres saber más, estás haciendo tu propio periodismo. Cuando te grabas un video, solo o acompañado, y lo compartes con tus amigos estás contribuyendo a la nueva forma de difusión del periodismo, la que llega a millones de personas en menos de un segundo por obra y gracia de las redes sociales.

Porque, de alguna forma u otra, todos hemos sido, alguna vez en nuestra vida, un periodista.

Pabilo Editorial
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