¿Cómo ha afectado el covid a la escuela?

Por Rubén Barbera Blanco, 5º mejor docente de España en los Premios Educa Abanca 2020 en la categoría de Educación Infantil. Maestro del CEIP Félix Rodríguez de la Fuente de Coslada (Madrid). Instagram @maestropinpinpiticlin

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Rubén Barbera Blanco

Desde que llegó este maligno virus a nuestras vidas ha supuesto un cambio para todos. De la noche a la mañana, con los primeros casos, allá por el pasado mes de marzo, los maestros vivieron una incertidumbre, con unos días yendo al cole, sin sus alumnos, pasillos y aulas vacías de risas, alegrías, nervios, enfados… de niños corriendo, olor a café en la sala de profesores, y sobre todo un silencio que pensábamos que iba a ser para unos días y nos encontramos en casa sin saber cuándo ni cómo volver a nuestra segunda casa, con nuestra segunda familia: nuestros queridos alumnos.

Desde ese día, para la escuela se dio una situación que nunca antes se había conocido: cerrar sus puertas. Todo eran preguntas e incertidumbres: ¿Y ahora qué? ¿Qué va a pasar con mis alumnos? ¿Cuándo voy a poder verlos? ¿Cómo contacto con ellos? ¿Cómo voy a poder hacer cosas si me he dejado todo el material en mi aula?

Sí, como nadie se esperaba que fuera a ocurrir lo que pasó, casi todos por no decir todos los maestros se dejaron sus materiales y recursos en sus aulas, esperando volver pronto.

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Rubén, durante una clase telemática desde su domicilio.

Pero por desgracia esto no fue así. Los maestros tuvieron que reinventarse para poder llegar a sus alumnos; y los alumnos junto con sus familias también. Llegó ahora más que nunca la era tecnológica y el término teletrabajo.

En unos días, los maestros, desesperados por no tener medios ni recursos tuvimos que reinventarnos y, cada uno de la mejor manera posible, buscar alternativas tecnológicas para poder llegar a nuestros alumnos: correos, móvil, aplicaciones educativas, blogs, vídeo llamadas… Todo lo tecnológico que estaba pensado para aprenderse en 10 años se tuvo que aprender en meses. El principal problema que nos encontramos fue que esos medios no estaban preparados para tantas y tantas personas, ni los docentes, familias y alumnos teníamos esa formación o guía.

Estoy muy orgulloso de todos mis compañeros docentes que en ese tiempo, aunque no se haya visto, se han formado día y noche, han estado volcándose para llegar a sus alumnos, buscando recursos y alternativas que no estaban preparados ni tenían, con sus consiguientes fallos, los cuales generaban muchos estrés, tristeza y enfados.

A las familias también les doy las gracias por su paciencia y disposición. Es muy difícil conciliar su vida laboral con las clases telemáticas de sus hijos. Muchas creían que sus docentes solo querían mandarles tareas todos los días para sus hijos, seguro que muchos los hubo así, que no digo que no, pero esos docentes se sentían impotentes porque les habían cambiado una enseñanza presencial a una telemática, para la cual no estaban preparados ni tenían medios, y se les presionaba con acabar el curso escolar, que hay que tener resultados, evaluaciones, medios con los que justificar esas notas online… por lo que en muchos centros esta comunidad educativa de familia y escuela se vio disgregada y desbordada ante la situación.

De la misma manera, como no había nada establecido, cada docente quería llegar a sus alumnos de la mejor manera posible y muchas familias cayeron en la comparación (aspecto inevitable) de: en tal clase hacen esto y aquí no; pues mi hijo solo tiene una videollamada, pues el mío todos los días, pues en el cole de mi hijo ni eso, no las hacen… otro punto que al final no unía a la familia y la escuela sino que las separaban más.

Yo, desde aquí, en nombre de todos los docentes, pido perdón por si ha habido fallos, pero es que no estábamos preparados para esto, no había recursos ni medios (por más que estos medios querían y hacían por darnos servicio), y tuvimos en tiempo récord que reinventarnos. Pero eso sí, estoy orgulloso, orgulloso y feliz de mis compañeros docentes por todo lo que han trabajado en el confinamiento, todo lo que se han formado y han probado, nunca, repito nunca se habían hecho clases telemáticas y hasta en infantil las hemos realizado.

En mi caso, hacer las videollamadas era muy difícil. Me acababa de mudar con mi pareja, también profesora. Ella de primaria y yo de Infantil. Mis alumnos tenían 3 años, yo no tenía materiales en casa, solo teníamos 1 habitación a la cual no llegaba el wifi y un ordenador. En la misma sala teníamos que hacer dos videollamadas a la vez, ella con el ordenador y yo con el móvil. Como os podéis imaginar, el sonido de sus clases entraba en la mía y viceversa. Si a eso le sumas que pequeños de 3 años tenían que estar al otro lado de una pantalla, se hace muy duro y complicado. En este confinamiento es donde me he dado cuenta, más que nunca, que la etapa de Infantil tiene que ser sí o sí presencial.

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Rubén, con algunos de sus alumnos en la era precovid.

Después del verano hemos podido volver a las aulas por fin, qué ganas, pero no todo es igual. Por más que se está intentando, se ha realizado y se está haciendo un grandísimo trabajo, protocolos anticovid, alternativas ante confinamientos o posibles positivos… Pero echo de menos muchas cosas sobre todo en lo afectivo, echo de menos poder achuchar bien a mis alumnos, que ellos se puedan dar besos y abrazos, que puedan relacionarse y jugar con alumnos de otras clases, que podamos hacer actividades internivelares, que me vean la cara y no tener que llevar una mascarilla. También la relación con las familias, que entren a mi aula y participen en mis clases, en grupos interactivos, talleres, lectura de cuentos… son una pieza fundamental y esencial en la escuela que por el maldito virus están más distantes y sin poder acceder ni participar en ninguna actividad de centro.

Con los compañeros también es todo más frío, se ha perdido contacto directo, las reuniones tienen que ser online, no se puede hacer piña y relación. Y esto, también repercute negativamente en el entorno escolar.

Espero y deseo que pronto se acabe este virus y se pueda volver a la normalidad, a una colegio sin mascarillas, sin espacios restringidos, con contacto directo con compañeros, familias y alumnos del centro, jornadas culturales y de convivencia. Un entorno en el que las familias puedan participar desde dentro, en el que familia y escuela disfruten juntos, y sobre todo una escuela en la que los alumnos vengan felices y sin restricciones.

Para mí, los niños y niñas son los verdaderos héroes de esta situación, se les privó de todo, de su libertad, de jugar con sus amigos, de salir a la calle, de los parques, de ir al colegio… Por ellos pido que se acabe ya esto, porque ser niño es la etapa más feliz y a ellos esta situación les está haciendo perdérsela.

En definitiva, la educación debe ser presencial: ellos y nosotros lo necesitamos. 

Pabilo Editorial