IES La Campiña, un ejemplo de resiliencia para sobrevivir a un curso atípico

Por Carmen González, redactora de aionsur.com

Alumnos del IES La Campiña de la localidad sevillana de Arahal durante una clase.

¿Cómo “sobreviven” los centros educativos al frío extremo y la covid? Los centros educativos han vivido la semana más fría del año con resignación y asistiendo a clases muy abrigados. Tanto profesorado como alumnado llevan, además de mascarillas, guantes, bufandas, chaquetones… Incluso mantas para las piernas, porque debido a las medidas extraordinarias para combatir el coronavirus, este curso está siendo como mínimo atípico, y la dirección de los centros no puede asegurar el calor en las aulas porque tienen que ventilar continuamente. El frío ha llegado para complicar más la situación, pero en vez de quejarse, los profesionales que los atienden han dado otra vuelta de tuerca al esfuerzo para sobrevivir a un curso de pandemia.

Como ejemplo de esta situación está el IES La Campiña, el centro de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional con más alumnado de Arahal, una localidad de la Campiña sevillana. Desde que comenzó en marzo la pandemia, viven entre adaptarse a nuevas directivas, estar pendientes del alumnado y la plantilla de profesores, y conseguir sobrevivir a un curso que académicamente hablando tiene muchas más dificultades de las previstas.

El centro, reflejo de lo que ocurre en la sociedad

El centro es un reflejo de lo que ocurre en la comunidad educativa que atiende. Si suben los contagios fuera, dentro se nota de inmediato. El máximo de contagios alcanzando ha sido el 5 por ciento de la comunidad educativa que asiste al instituto. Es lo que está ocurriendo en la última semana, cuando la tercera ola ha llegado hasta Arahal y Paradas, localidades donde nota el incremento de contagios.

“La directiva sobre ventilación concreta que tiene que ser natural. Y, ante las temperaturas extremas, hay que mantener las ventanas y puertas abiertas diez minutos, en el cambio de clases”, explica el director del centro Rafael Vergara. Por esta razón, estos días, encienden antes las calefacciones y suben las temperaturas. Y es que, aunque haya que abrir las ventanas, intentan que el centro no se convierta en un témpano de hielo.

Y este ambiente se vive en todas las estancias, no solo lo sufre el alumnado. Los profesores o equipos directivos, en sus oficinas y en las clases, no tienen estufas de barras debajo de la mesa. Permanecen con ventanas un poco abiertas durante casi toda la mañana “porque es la única manera de saber cuáles son las condiciones que viven nuestros alumnos”, apunta el director. En este sentido, aseguran que, a pesar del deficiente presupuesto de los centros educativos para cubrir gastos, no escatiman en los esenciales, que son “calefacción, luz, agua, teléfonos y folios”.

Una ardua tarea de organización

Pero este centro, al igual que el resto, lleva meses adaptándose a la situación de pandemia. Prácticamente el equipo directivo no ha tenido vacaciones veraniegas. Las primeras directrices con respecto a esta nueva situación comenzaron a salir a finales de junio, cuando todavía no había terminado el curso 2019/2020. Y no dejan de hacerlo.

Una de las cuestiones más importantes y que ha requerido mucho esfuerzo del equipo directivo ha sido la reestructuración y ordenamiento de las clases. Y, a pesar de que en la mayoría de los institutos y colegios se utilizan todas, han tenido que hacer casi “magia” para que no haya más de 15 alumnos y alumnas por aula. Y para que en los recreos los patios se conviertan en establecimientos estancos para reducir al máximo los contactos.

En el IES La Campiña, el alumnado entra por tres puertas diferentes según en el aula del instituto en la que el estudiante dé clases porque era difícil evitar el contacto de los 800 alumnos. Han implantado dos recreos ( 10:30 – Bachillerato- y 11:30 horas -ESO-) en dos patios diferenciados, de esta manera no coinciden todo el alumnado en ellos; además salen al espacio que más cerca está de su clase. De esta manera reducen al mínimo posible los contactos. Y, lo más importante, han dividido la asistencia a clases en días alternos del alumnado de 4º de la ESO y Bachillerato. Una semana toca ir lunes, miércoles y viernes, y la siguiente, martes y jueves, por lo que las clases quedan reducidas a la mitad del alumnado.

Clases divididas y adelanto en horario de salidas

En el resto de la ESO han dividido las clases de Matemáticas, Lengua e Historia para que, al menos, haya la mitad del alumnado y se pueda cumplir el metro y medio de distancia por mesa. Más malabarismos porque en este último caso, el equipo directivo ha tenido que adaptar clases que eran para especialidades. “Hay 31 grupos simultáneamente dando clases y ahora son 33; caben justos pero hemos tenido que eliminar aulas específicas”, explica Rafael Vergara. Además añade que se ha reducido “al mínimo” el movimiento del alumnado en las asignaturas optativas y específicas.

Esta minimización de movimientos es posible gracias a la división del centro en cuatro zonas para que el alumnado no recorra todo el edificio. El centro ha habilitado también tres entradas y la salida se divide en dos horas, una parte del alumnado sale cinco minutos antes. “La prueba piloto de entradas y salidas la hicimos con el alumnado que se presentó a la Selectividad. Y lo de adelantar el horario se propuso al Consejo Escolar y se hará sólo en estas circunstancias excepcionales”, aclara Vergara.

A todo el trabajo administrativo que hay en el centro, se suma el plan covid que incluye realizar a diario el listado de profesorado, personal administrativo, de limpieza y alumnado que se contagia o que por contacto directo con un contagiado tienen que mantener confinamiento. De todo esto tiene que ser informado el coordinador covid del instituto. Y el trabajo que se suma conlleva hacer malabarismos con las clases, sobre todo cuando la ola de contagios llega a su punto álgido y en el instituto se notan los estragos.

Ordenadores para clases online con el micrófono deshabilitado

Es cierto que entre los recursos ampliados por la Junta de Andalucía, está la llegada a este centro de tres profesores más a la plantilla y una partida de 25.000 euros para adaptar el centro a las nuevas circunstancias. Al principio, el equipo directivo no sabía ni cuántos ni de qué especialidades. Los equipos directivos han trabajado desde primera hora contando con que la incertidumbre ante las medidas a tomar era su compañera en este viaje para el que no hay plazos de finalización, todo depende del desarrollo de la pandemia.

Y también han enviado desde la Consejería de Educación ordenadores portátiles a todos los profesores (en este centro 73) con el objetivo de que puedan dar clase online, pero no traen habilitada la función de micrófono por lo que, de momento, con ese fin no han podido utilizarlo. Con todo tienen que lidiar en los institutos y colegios.

En el IES La Campiña, están comprando poco a poco micrófonos, a 13 euros, pero esto supone una carga para las cuentas del instituto que no siempre se puede asumir, sobre todo en estas circunstancias.

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La limpieza del centro también tiene refuerzos, tres limpiadoras que cada vez que se sale de un aula, repasan mesas y sillas, pomos, barandas y todo mobiliario que sea material de contacto.

Enseñar y aprender en circunstancias extremas

El instituto de más alumnado de Arahal tiene circuitos de paso dibujados en el suelo, gel hidroalcohólico por todas las entradas y salidas, pasillos, clases estancias… El alumnado ha asumido sin problemas llevar mascarillas en todo momento. Y en estos últimos días de frío, si se caen “rebotan en el suelo” de la cantidad de capas de abrigo que traen.

Todos, profesorado y alumnado, han aprendido sobre nuevos recursos como el uso de internet y programas diferentes (classroom), para minimizar en lo posible los estragos que puede suponer en los contenidos las clases semipresenciales. Se han adaptado a marchas forzadas a enseñar y aprender en circunstancias extremas.

“A esta generación la llaman nativos digitales, pero no es así”, dice el biólogo Carlos Lobato. Y es que una parte importante del alumnado ha tenido que adaptarse a los nuevos caminos digitales para poder salir adelante durante los meses de confinamiento del curso pasado, y en las clases semipresenciales del que está en marcha.

Dejar a un lado grandes decisiones para sobrevivir

“Solo nos conformábamos, y así lo dijimos en el claustro de inicio de curso, en que no fuera un año de grandes decisiones para poder sobrevivir a estas adversas circunstancias”, cuenta Rafael Vergara. Y, en esta opinión, lo apoya su equipo directivo, entre los que están Ana María González y Carlos Lobato, que se ocupan de la Jefatura del centro. Pero no ha sido así.

De momento, la Consejería de Educación ha publicado dos decretos (182/183 de 2020) por el que se modifican las fechas de exámenes de algunos cursos. Así, los de septiembre pasan a junio y afecta a los cursos de 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. Y cada semana hay instrucciones nuevas que aumenta el trabajo organizativo y administrativo de los centros de educación andaluces.

La pandemia por la covid los ha puesto a prueba. Y, de momento, la han superado con creces. Aunque detrás hay un esfuerzo sobrehumano que afecta a toda la comunidad educativa, pero principalmente a la plantilla de profesionales. Y, más concretamente, a los equipos directivos.

Pabilo Editorial
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