Las prisas no son buenas: adelantar etapas no es la solución

Por Pilar Serrano Burgos. Tutora de grupo de 3 años del CEIP Teresa Berganza de Boadilla del Monte (Madrid). Finalista Mejor Docente de España 2020 por Educación Infantil.

Una niña da sus primeros pasos con la escritura / Pixabay.
Las prisas no son buenas: adelantar etapas no es la solución 1
Pilar Serrano Burgos.

Cada año vemos cómo el curso de 3° de Infantil se convierte en una carrera porque los niños aprendan a leer y escribir. “Tienen que pasar a 1° de Primaria haciéndolo”, dicen algunos, “si no irán arrastrándolo siempre”, añaden otros.Cuánto daño hacen este tipo de comentarios.

Entiendo que los padres puedan hacerlos porque ellos no son maestros. Pero es sangrante escuchar decir cosas así a maestros y más si son de Infantil. Porque demuestran un desconocimiento absoluto sobre la que es su etapa educativa.

Y en nombre de esto se hacen auténticas barbaridades que creo que todos deberíamos tener claras y pararlas. Tener a niños entrenando grafías de las letras sin ninguna significatividad desde los 3 años, hacerles escribir sin levantar el lápiz del papel en 5 años para hacer la letra en minúscula ligada, o borrar hasta la saciedad las letras del papel porque son demasiado grandes. Y así olvidan que la función del lenguaje es la Comunicación.

Para empezar, la Educación Infantil ni siquiera es una etapa educativa obligatoria en nuestro país, por lo que podría entrar en 1° de Primaria un alumno que viene de estar en su casa sin haber cogido un lápiz en su vida.

Para continuar, la ley dice que leer y escribir es un objetivo de 2° de Primaria. Pero creo que la controversia nace con uno de los objetivos que hay en el Real Decreto que establece las enseñanzas mínimas del segundo ciclo de Educación Infantil: “Iniciarse en la lectoescritura“, que cada uno lo interpreta a su manera.

Algunos entienden que los niños tienen que salir leyendo y escribiendo en pauta y con letra ligada, “para que les cueste menos en Primaria”, dicen. Esto además se vende mucho en algunos centros educativos: “Aquí los niños salen de Infantil leyendo y escribiendo”. Yo cuando lo oigo pienso: “Pues pobrecitos niños porque será a costa de perderse un montón de cosas más”.

Otros lo entendemos cómo que los niños tienen que descubrir el lenguaje como algo útil (comunicación), bueno (es beneficioso) y bonito (poder expresarnos y entender lo que nos rodea es hermoso). Y con ese sentimiento, que quieran acercarse a su conocimiento. Si les generas la curiosidad ellos solos lo convertirán en necesidad.

Curiosamente este mismo decreto nos dice cosas como por ejemplo: “Acercamiento a la literatura y dramatización de textos literarios”. Pero eso no parece preocuparle a nadie. Hay aulas en las que a los niños no se les lee y jamás han hecho una dramatización.

Entonces: ¿falla el Sistema? Pues no. Si somos honestos y hablando de este caso en concreto (esto sería un largo y extenso debate) fallamos los docentes, que no sé por qué le seguimos dando mucho peso a la lectoescritura y nos olvidamos por completo de otras muchas cosas que se nos piden.

El problema es que algunos en Infantil tenemos claro cómo llegan los niños a Primaria, pero en Primaria algunos se empecinan en tratarles a todos igual: les ponen delante un libro, a todos el mismo, con pauta, caligrafía y espacios minúsculos. Es lo que hay y ni se plantean no hacerlo así.

Entonces, el paso de Infantil a Primaria se convierte en una brusca ruptura donde el niño deja de ser él con sus características y necesidades y se convierte en uno más. Porque parece que todos tenemos que ser iguales y lograr las mismas cosas a la vez. Y que además lo único que importa es leer y escribir: todo queda supeditado a eso.

La clave es el respeto. Respeta a cada niño por donde va: su ritmo, intereses, características y necesidades. Si aún no son capaces de reducir el tamaño de la letra, déjales experimentar con un folio en blanco hasta que la vayan haciendo más pequeña. Si ellos se sienten cómodos escribiendo en mayúscula, producen, se comunican y disfrutan haciéndolo, no les forcemos a una minúscula y en pauta enana.

A los niños les gustan los retos, se esfuerzan cada día para hacer cosas nuevas y mejores. Es como cuando te dicen en Infantil: “¡Puedo saltar a la pata coja, profe!”. Y a las pocas semanas: “¡Salto tres escalones!”. Y lo dicen con un orgullo extremo. Porque se ven capaces y prueban: entrenan jugando. No porque se lo imponga nadie. Con la lectoescritura pasa lo mismo. Hay niños que aún no les ha llegado el momento y si se les fuerza solo conseguiremos que lo odien, le cojan manía y lo hagan con desgana.

Por eso debemos ser maestros de diversidades y no de mayorías, porque yo atiendo a mis distintas realidades del aula, no a lo que la mayoría haga.

Somos únicos e irrepetibles, la diversidad es maravillosa. Respetémoslo.

Pabilo Editorial