Bombero: el enorme lujo de salvar vidas

Por Antonio Nogales Rodríguez, responsable de la Unidad Canina de Rescate en Huelva y presidente de Bomberos Unidos Sin Fronteras

Antonio Nogales Rodríguez en una de sus misiones de rescate.

Ser bombero siempre ha tenido algo de heroico y de fascinante. Es una profesión de esas que se dicen que son de vocación y como casi todas esas profesiones, también son muy duras. Y es que, aunque sin duda salvar vidas y rescatar a personas en las peores catástrofes reporta muchas satisfacciones y debe ser algo muy bonito y reconfortante sobre todo para aquellas personas que disfrutan ayudando a los demás, también es verdad que se pueden llegar a vivir situaciones de mucha angustia y de mucha pena. Para ser bombero, especialmente en misiones de rescate en catástrofes, hay que estar muy preparado. Para llegar a ser bombero hay que pasar unas pruebas físicas muy duras y también exámenes, porque un bombero tiene que tener muy claro qué hacer en cada momento y no hay tiempo de reacción en un incendio o en un accidente, donde un minuto puede suponer salvar una vida. También hay que tener una mente muy preparada para poder vivir situaciones dramáticas, ya que no todo el mundo puede soportar algunas imágenes, pero aun con todo, puede ser una profesión maravillosa. Nos lo cuenta Antonio Nogales Rodríguez:

Mi nombre es Antonio Nogales Rodríguez y soy el presidente de la asociación sin ánimo de lucro Bomberos Unidos Sin Fronteras y el responsable de la Unidad Canina de Rescate de Bomberos del Ayuntamiento de Huelva. Llevo 22 años siendo bombero en Huelva aunque he viajado por todo el mundo en misiones de rescate y para mí es la mejor profesión del mundo.

No es fácil ser bombero porque en la actualidad es necesario superar unas oposiciones muy duras en las que se presentan muchas personas que quieren ejercer esta profesión para muy pocas plazas que se ofertan, por lo que muchos se pueden quedar con las ganas de ser bombero. Para mí tampoco fue fácil cuando me presenté hace muchos años, ya que las pruebas selectivas eran muchas y muy difíciles de superar. Esas pruebas son físicas en muchos casos, pero también hay exámenes teóricos de temas específicos de bombero, exámenes teóricos de temas comunes de administración pública, un examen psicotécnico, un examen sobre el callejero, y un examen de conducción de camiones, ya que hay que tener esas materias muy controladas para poder actuar con rapidez ante situaciones de emergencia.

No es fácil, pero no es imposible ser bombero, solo hay que tener vocación, tener estudios medios o universitarios y ser constante en la preparación física y el estudio para llegar a serlo. Yo tenía esa vocación puesto que siempre he querido dedicarme a ayudar a las personas y desde el primer día supe que ese era mi trabajo. Durante las guardias de trabajo en el parque de bomberos tenemos muchas actividades que hacer: revisamos los materiales, estudiamos nuevas técnicas de rescate, nos preparamos físicamente en nuestro gimnasio y siempre permanecemos atentos y preparados para cuando suene la sirena que nos avisa de que tenemos que salir rápidamente a una emergencia. Es en ese momento, cuando salimos en nuestros camiones a la emergencia, cuando ponemos en práctica todo lo que sabemos y hemos aprendido. Por eso me gusta ser bombero, porque además de ayudar a las personas que necesitan ayuda siempre hago cosas distintas. Cada emergencia es diferente, así que unas veces salimos a apagar un incendio, otras vamos a rescatar personas que están atrapadas en sus coches en un accidente de tráfico, otras vamos a rescatar animales, otras vamos a rescatar a las personas cuando llueve mucho y junto con mis compañeros nos esforzamos en ayudar a las personas que lo necesitan en cada momento.

Mi trabajo también tiene algunos momentos difíciles o desagradables, pero tiene otros momentos muy bonitos. Los momentos desagradables vienen cuando tienes que rescatar a alguien que ha sufrido daños en una emergencia o cuando alguien pierde su casa en un incendio. Y son desagradables porque no me gusta ver cómo las personas tienen dolor o sufren, pero esos momentos desagradables luego se vuelven bonitos cuando consigues rescatar y salvar a esas personas. En ese momento es donde pienso que tengo el mejor trabajo del mundo.

Además, he tenido la suerte de conocer a un grupo de bomberos, médicos y enfermeros que en su tiempo libre y de manera voluntaria trabajan para ayudar a las personas que viven fuera de España donde suceden catástrofes muy graves como terremotos, tsunamis o inundaciones que arrasan con todo. Ese grupo de profesionales trabajamos en una ONG que se llama Bomberos Unidos Sin Fronteras y desde que estoy en esa organización he tenido la oportunidad de ir a trabajar a muchos países de todo el mundo. Unas veces he ido a rescatar a las personas que han sufrido esas catástrofes y otras veces he ido a enseñar a los bomberos de esos países cómo se rescatan las personas y que estén preparados cuando ocurra una situación de gravedad.

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En ese grupo trabajamos también con perros de rescate. Estos perros son la mejor herramienta que tienen los grupos de rescate para saber dónde están las personas vivas que se quedan atrapadas en los escombros después de un terremoto. Ellos, gracias a su gran olfato, son capaces de encontrar y decirnos ladrando dónde se encuentran esas personas atrapadas. Es otra de las partes de mi trabajo que más me gusta, porque trabajar con perros tan especiales es muy bonito y gratificante. Mi perro se llamaba Mosul y estuvo trabajando conmigo en 11 terremotos por todo el mundo. Murió hace algunos años porque ya era un perro anciano, pero todos los días lo recuerdo con mucho cariño porque gracias a él muchas personas están vivas hoy día.

Eso es lo que más me gusta de mi trabajo: pensar que con él puedo ayudar a las personas que lo necesitan y que, gracias a eso, muchas personas han podido seguir con su vida y a su vez han dado alegrías a sus familiares.

Pabilo Editorial