Tenis de mesa: el deporte total

Por Leopoldo Mata de la Corte, entrenador de Tenis de Mesa en el Club Asem La Hispanidad

Tenis de mesa

El tenis de mesa es un deporte total. Según algunos estudios es un deporte que logra  desarrollar mucho más que otros el cerebro, que tiene poco riesgo de lesión al no ser un deporte de contacto y que se basa fundamentalmente en la concentración y en la velocidad de reacción, ya que en un espacio de apenas cuatro metros debes ser capaz de controlar una pequeña pelota de cuatro centímetros que alcanza velocidades de hasta 120 kilómetros por hora.

Esto lo hace un deporte especial y muy beneficioso para el desarrollo de los niños, pero es que además, el tenis de mesa es el deporte más integrador que existe. Lo mismo lo puede practicar un niño de seis años que un anciano de 80 y los niños y niñas lo practican por igual, de hecho, la Federación Andaluza de Tenis de Mesa ha igualado las competiciones de forma que niños y niñas se puedan enfrentar en un partido oficial en las mismas condiciones, algo que no ocurre en casi ninguna otra disciplina en ligas oficiales. Es un deporte, además, donde los valores positivos y el honor están en la palestra y donde se ve a menudo que los rivales otorgan puntos favorables a sus contrarios aunque el árbitro de la contienda haya opinado otra cosa o no lo haya visto claro. La justicia y el rigor predominan.

Por ello desde el club de la Hispanidad se ha apostado fuerte por la educación, de hecho, próximamente van a iniciar una experiencia para que en el Colegio La Hispanidad los martes y jueves, durante la hora de Educación Física se instaure una escuela de Tenis de Mesa, y el objetivo final es llevar esta escuela a todos los colegios del Distrito V gracias a un profesor que es también integrador social y que puede ayudar en la tarea de educar con este maravilloso deporte.

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El tenis de mesa es además un deporte que tiene unos grandes beneficios para personas con discapacidad, además de ser un deporte adaptado también se le atribuyen propiedades terapéuticas. Así, en La Hispanidad hay un grupo de niños con Síndrome de Asperger que vienen a practicar este deporte y que ven mejorado su rendimiento general ya que la concentración que requiere les permite mejorar sus capacidades mentales y los efectos se pueden ver en pocas semanas. El hecho de necesitar prever la dirección y la velocidad de la bola les hace agudizar sus capacidades y mejorar sus movimientos.

Pero también es un deporte para disfrutar ¿Quién no ha jugado alguna vez al Ping-Pong? Es uno de los deportes más practicados del mundo, aunque normalmente las personas tienen el concepto de que es un juego de salón y por ello no ha terminado de cuajar en los medios de comunicación.

La realidad es que los niños lo disfrutan mucho y que cuando consiguen dar más de 10 golpes seguidos sin perder el control de la pelota la sonrisa se dibuja en su cara y se llenan de ilusión.  Además, favorece la actividad física, ya que aunque pueda parecer lo contrario, incluso jugadores de un nivel medio bajo que compiten, necesitan de una gran forma física.

Pero claro, a edades tempranas lo importante nunca es la competición. La competición es buena para mejorar y para venir a entrenar pero no es lo realmente importante, los niños vienen a jugar y a disfrutar, por ello, cuando un niño se apunta al club siempre pedimos que nos enseñe las notas trimestralmente y si son malas no les dejamos competir. Como el niño siempre quiere competir creemos que le sirve de acicate para mejorar en sus estudios.

Por ello no cejamos en nuestro empeño. Aunque hemos vivido tiempos mejores con deportistas en División de Honor nacional tanto en categoría masculina como femenina y la situación actual sea más de resistencia, nos anima ver a deportistas como Álvaro Robles, subcampeón del mundo de Tenis de Mesa y que salió de este club.

¿Os animáis a practicar un deporte divertido, estimulante, sin riesgo de lesiones y que también mejora la actividad cerebral? Todo eso es el Tenis de mesa y para verlo tendrás que descubrirlo por ti mismo en Huelva.

Pabilo Editorial