El futuro será matemático o no será

Laura Limón, profesora de Matemáticas del IES Fuente Juncal (Aljaraque-Huelva)

Futuro matematico
Interculturalidad en las aulas / Pixabay.

“El futuro será matemático o no será”. Parafraseando la famosa expresión “El futuro será feminista o no será” como símbolo de lucha feminista, empezar este artículo con este título, el futuro será matemático o no será, no es exagerado.

Estas palabras van dirigidas a dos colectivos muy importantes de nuestra sociedad. Por un lado, a vosotros, alumnos y alumnas de Primaria y Secundaria que en algún momento os habéis planteado la cuestión de ¿para qué sirven las matemáticas? Y es que quién de vosotros no le ha planteado alguna vez a su profesor o profesora de mates esta pregunta. A lo que espero os hayan contestado con muchos argumentos, y además cercanos a vosotros.

Y es que así es, sin matemáticas apenas se habría podido hacer construcciones, desde que el ser humano ha necesitado un espacio donde vivir y cobijarse. Medidas, cálculos de áreas o superficies, optimización de recursos… ¿A qué os suena el Teorema de Pitágoras? Pues las personas que se dedican a la construcción, pero no sólo arquitectos o aparejadoras, sino también las personas que construyen con sus manos casas, edificios, puentes o carreteras, no podrían hacerlo sin el conocimiento de este famoso teorema que nos dice que “La suma de los cuadrados de los catetos de un triángulo rectángulo es igual al cuadrado de su hipotenusa”. ¡Toma ya! Esto, aunque no os lo creáis, casi que rebasa cualquier declaración de amor entre dos personas. Sería imposible sin matemáticas, que los coches circularan por la ciudad sin una buena regulación de los semáforos. Que estos mismos edificios e infraestructuras construidas no se cayeran, y así cientos de aspectos de nuestra vida diaria.

Aunque no os lo creáis, detrás de muchas de nuestras rutinas personales o incluso planetarias están las matemáticas y serían imposibles de realizar sin el sostenimiento de las mismas. Por supuesto, si a lo que nos referimos es a internet, redes sociales o juegos de ordenador y consolas, ya ni os cuento. Toda la tecnología de la cual disfrutamos, usamos y necesitamos hoy día, sería inimaginable sin las estructuras lógicas, geométricas, algebraicas o estadísticas de las matemáticas.

Por eso esta declaración de intenciones es un llamamiento a que pidáis, de alguna manera, que os enseñemos a amar las matemáticas. Unas matemáticas cercanas, aplicadas y con procesos de aprendizaje lo más basado en vuestras propias experiencias y en proyectos.

El futuro se augura complejo. Se nos presentan escenarios con emergencia climática o  guerras por la gestión de los recursos naturales, y todo esto puede  ser evitado si gente como vosotros, niños y niñas del futuro, os formáis de manera integral. Matemáticas, conocimiento del medio que os rodea y del mundo físico, histórico y social, lengua y literatura, imprescindible para que vuestra compresión lectora os lleve a resolver los problemas más complejos y difíciles que se os puedan plantear, conociendo las herramientas adecuadas para resolverlos.

Sí, desde estas líneas, una profe de mates os pide que, ante todo, leáis. Que leáis muchísimo. Que vuestra imaginación vuele a lugares reales o imaginarios, conocidos o desconocidos y os hagáis protagonistas de esas historias maravillosas que están escritas en los libros.

Las Matemáticas y la Literatura no están tan distanciadas como a veces nos quieren hacer ver. Os abrirán la mente, descubriréis estrategias de resolución de problemas, conflictos. Os vamos a necesitar en el futuro con mucha capacidad de resolución de problemas. Y solo con una buena base científico-matemática y mucha capacidad de comprensión integral de la vida y empatía, será posible buscar soluciones a cuestiones que nos hagan vivir en un mundo justo y feliz para todos los seres vivos que habitamos este planeta.

Al principio de este artículo decía que me dirigía a dos colectivos. El primero ha sido a los alumnos y alumnas de nuestros centros educativos. El segundo, sois vosotros, maestros y maestras, profes de Matemáticas, o de cualquier disciplina que se anime a introducir las matemáticas en sus materias.

El mundo de hoy es muy complejo. No seré yo quien realice aquí una disertación sobre los problemas a los que nos enfrentamos como humanidad a lo largo y ancho del planeta. Pero a la orden del día están. Conflictos sociales, crisis económicas, sociales, ecológicas y ambientales, extinción de especies, catástrofes medioambientales, guerras por los recursos naturales, migraciones a causa de la pobreza, las guerras o el cambio climáticos, etc. Parte de cómo se resolverán estos conflictos en un futuro está en nuestras manos. Sí, tenemos una de las mayores herramientas en potencia para poder resolver los retos futuros a los que nos enfrentamos. Nuestro alumnado será quienes en el futuro tomarán decisiones sobre la gestión de los servicios públicos, las pensiones de sus mayores, las medidas contra el cambio climático, la despoblación rural, etc.

Por lo tanto debemos enseñarles cada día a que deben hacerse preguntas antes diferentes cuestiones que les rodean o les rodearán,  y deben encontrar el mejor camino, más óptimo, más justo, más ético. Una de esas herramientas son las matemáticas. Por ello os presento dos ejemplos sobre cómo enseñar matemáticas, y os dejo en vuestra reflexión tras la lectura de estas líneas, cuál pensáis que debe ser el camino que como profesores debemos seguir.

“Es el momento de que nuestros estudiantes sepan más y mejores matemáticas también para que estudien filosofía, poesía y todo lo que nos hace humanos“.

El primer ejemplo es el siguiente. Hace unas semanas una madre leía lo siguiente en el whatsapp de la clase de su hijo: “Buenas tardes, ¿me podéis pasar por favor la cuentas de castigo de mates? Mi hija no las ha copiado”. Esta madre se sorprendió al leer esto y dijo, ¿Cómo?, ¿de castigo? Algunas familias comentaron que seguramente habrían hablado en clase, que se habrían portado mal en clase y… se les castigó con las cuentas. A lo que la madre que cuestionaba esto, comentó, que no se debe hacer eso de castigar con cuentas, pues hace que a los niños no les guste. Las mates, como cualquier otra materia, debe ser algo divertido para ellos, hacerlo como un juego, y no como un castigo.

Por el contrario, os dejo este segundo ejemplo. No muy lejos de la ciudad de Huelva, en un cole de Moguer, el maestro Tito Moral y otros compañeros y compañeras, enseñan matemáticas con el método revolucionario creado por Jaime Martínez, ABN, Aprendizaje Basado en Números. ¿No lo hemos comentado  al comienzo de este artículo? ¿Que los números, las matemáticas nos rodean? Pues entonces, este método está genial para que nuestros chicos y chicas aprendan cálculos de manera sencilla, natural y divertida. Y es que así lo hacen. Se hizo viral cómo una niña de 7 años de este colegio hacía un cálculo complejo de manera rápida y sencilla, tras un tiempo de trabajo usando este innovador método.

Concluyo con una pequeña reflexión que resume un poco todo lo disertado anteriormente.

“En 15 años, las máquinas inteligentes reemplazarán a los maestros”. Esto comentaba el 14 de enero en una entrevista para el medio de comunicación Educación 3.0 Marc Vidal, divulgador y conferenciante, refiriéndose a los cambios que se esperan en el ámbito educativo y cómo, según él, debemos asumirlos tanto desde el rol del docente como el del estudiante.

Pues coincido con mi amiga Clara Grima, profesora de Matemáticas y divulgadora de ciencias matemáticas, en que las máquinas inteligentes no tendrán empatía. Un maestro no es una máquina de lanzar contenidos, es algo mucho más humano. Son los artistas que tallan nuestro futuro con sus manos y no hay algoritmos que puedan adaptar a tantas clases distintas de mármol.

Es el momento de que nuestros estudiantes sepan más y mejores matemáticas. Sí, entre otras cosas, para no ser excluidos laboralmente en un futuro cercano, pero también para que estudien filosofía, poesía y todo lo que nos hace humanos.

Así que en mi opinión, el futuro además de ser feminista, será matemático, o no será.

Pabilo Editorial