El auge del ajedrez educativo

Por José Carlos Del Arco Prieto, moniitor de ajedrez en centros escolares (monitor autonómico) y campeón de Huelva de ajedrez

El ajedrez educativo está experimentando gran interés en la comunidad educativa por el potencial que ofrece como recurso pedagógico en el aula. Se fundamenta en la adquisición de competencias claves, contribuyendo así al desarrollo integral del alumno, y que todo lo aprendido pueda resultar aplicable en el aula, en otras áreas del currículo y en la vida.

Diversos estudios concluyen que la enseñanza del ajedrez puede contribuir al crecimiento intelectual y social del alumno, además del valor educativo que aporta. Recientes propuestas establecen que la práctica del ajedrez fomenta el desarrollo de las inteligencias múltiples, que pueden trabajarse en las actividades que versen sobre la dimensión educativa del ajedrez.

La integración del ajedrez en el currículo permite potenciar capacidades cognitivas como la concentración y la atención, la inteligencia visual-espacial, el razonamiento lógico-matemático, además de ejercitar la memoria y el cálculo. Así mismo se desarrolla la creatividad y el pensamiento estratégico.

Tomar decisiones de forma autónoma pone en valor la capacidad de anticipación y la paciencia frente al impulso irreflexivo, barajando los pros y contras de las propias decisiones, y considerando también las jugadas del rival, fomentando así la empatía hacia los planes del contrincante. La aceptación de los errores y aciertos puede alimentar el afán de superación y la importancia de la constancia en el logro de los objetivos. Que el alumno se responsabilice de sus actos, pues toda decisión (en el tablero y en la vida) acarrea unas consecuencias que debe asumir.

Los aspectos anteriores pueden presentarse en las actividades que se diseñen, bajo el prisma lúdico y motivador, que el alumno aprenda jugando y se divierta practicando; de hecho, el ajedrez constituye un vehículo eficaz para promover la gamificación en el aula. En la resolución de problemas pueden plantearse retos que admitan soluciones originales que estimulen el sentido crítico.

El ajedrez permite transmitir valores como la deportividad, la solidaridad y la tolerancia, además del respeto a los compañeros y a unas normas de comportamiento que todos los alumnos deben cumplir. Se desarrolla así la función socializadora pues los alumnos se relacionan con otros en condiciones de igualdad, favoreciendo la inclusión. En dicho contexto es posible plantear en las actividades estructuras de aprendizaje cooperativo para el estímulo del trabajo en equipo y de las propias competencias.

Diversas comunidades autónomas han impulsado la enseñanza del ajedrez en la escuela, articulándose programas educativos que pretenden su introducción en horario lectivo como recurso de innovación educativa, como el caso del Programa AulaDJaque en Andalucía, que en su Programa Marco plantea el reto de “abordar la integración curricular de la materia ajedrecística, formar al profesorado, y ayudar al desarrollo de una práctica docente innovadora que pretende enseñar a pensar a través del ajedrez”. En el actual curso se han inscrito 650 centros de toda Andalucía.

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José Carlos Del Arco Prieto

La introducción del ajedrez en horario lectivo puede adoptar diversas formas. La opción predominante es la utilización del ajedrez como recurso pedagógico de carácter transversal para el desarrollo de competencias en diversas áreas curriculares (matemáticas, lengua, música, ciencias sociales, educación en valores, etc). En este planteamiento la enseñanza del ajedrez no es prioritaria, pues la idea es integrar contenidos curriculares con contenidos específicos de ajedrez para la adquisición de aprendizajes en diversas materias.

Otra alternativa es implantar el ajedrez como materia curricular para que a través de su enseñanza se pueda favorecer el crecimiento intelectual y social de los alumnos. 

El ajedrez competitivo se orienta en un plano diferente pues tiene como finalidad el éxito deportivo del alumno. Suele plantearse como actividad en horario extraescolar, impartida por monitores que acrediten un mínimo de competencias pedagógicas.

 

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