Argentina: “El arte hace a los niños felices, algo esencial para la motivación”

A Argentina María López, el Flamenco la agarró desde muy pequeña. Ese duende ya le acompañaba por sevillaneos en las fiestas y hasta en los recreos, y creció con ella y en ella haciéndola una niña feliz y con una pasión. Por ello, no le duele en prendas el asegurar que el flamenco la ayudó en su educación porque tener una motivación “es fundamental en la vida”.

Hoy los patios de aquel colegio del Príncipe de España de Huelva (hoy ya convertido en Rey) no cuentan aún con especial predilección por el Flamenco pese a ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Y Argentina reivindica más cultura flamenca en las aulas.

¿En qué colegio estudió Argentina?

—En el Colegio Público Príncipe de España, situado en la Barriada del Carmen en Huelva capital.

¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza al recordar su etapa escolar?

—Los profesores que más me marcaron, los tiempos libres con los compañeros, las excursiones. Me quedo con lo más positivo, después con el paso del tiempo y la madurez te das cuenta de  que las materias escolares se pueden transmitir de manera más divertida a través de otra metodología basada en el arte, la interpretación y la música como en muchos modelos escolares del centro de Europa. En definitiva, creo que hay que buscar mucho más la motivación en el alumnado de manera más pasional por parte de los modelos y del profesorado. Hay que incidir mucho más ahí para que se logren grandes resultados en general y estoy convencida de que se pueden conseguir.

¿Ya le gustaba el Flamenco desde pequeña?

—Sí, claro. Mi primer contacto con el Flamenco fue a los 3 años y medio cuando mi madre decide apuntarme a una academia de baile y ahí empiezo a escuchar algunos palos del Flamenco y a algunos cantaores como por ejemplo El Lebrijano; disfrutaba muchísimo en las clases pero lo que más se me quedaba de ellas era lo que escuchaba,  no lo que me enseñaban, porque a mí siempre me había gustado más cantar que bailar y de hecho cuando llegaba a casa me ponía a cantar lo que escuchaba en las clases en vez de practicar los pasos aprendidos.

argentina flamenco niña

En el recreo… ¿Se ponía a cantar o jugaba con las demás niñas?

—En el recreo hacíamos un poco de las dos cosas, había veces que jugábamos y otras veces me ponía a cantar con algunas de mis amigas, me encantaban esos momentos, eran mis favoritos.

¿Qué solía cantar por aquella época?

—Pues mira, sobre todo cuando llegaba la primavera, el buen tiempo y la época de romerías, cantábamos sevillanas y otras veces en solitario, alguna amiga me pedía que le cantara algo en especial que ella quería escuchar y yo sin dudarlo se lo cantaba.

¿Hay cultura del Flamenco en las escuelas?

—Yo creo que no, cuando el Flamenco fue nombrado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad yo pensé que iba a cambiar para bien, con respecto a que se iba a incluir en las escuelas pero eso fue en el año 2010…

¿Qué cree que puede aportar el Flamenco o la música en general a la educación?

—Cómo decía antes es determinante que el alumno esté motivado. Todos tenemos que estar motivados en la vida seamos alumno o ya más adelante en nuestras vidas. Y la mejor manera es que nos enseñen en la escuela a tener pasión por la carrera o el camino que coja cada uno, pero con mucha pasión y mucha alma. Se incide mucho en el contenido de la materia pero no se incide en preguntarle al alumno si es feliz pero sin caer en la sobreprotección. El alumno debe saber que el mando de la clase la tiene el profesor, y que lo debe respetar al máximo, pero el interactuar y conseguir que la clase esté muy motivada por ir a clase es lo máximo a lo que aspira el profesor o mejor dicho el modelo educativo. Y por tanto la música, el Flamenco y el arte en general hace a las personas felices y son determinantes para la motivación y por ende para la educación.

¿Qué asignatura se le daba bien?

—Me gustaba mucho Lenguaje, Dibujo y Naturales.

Le ha dedicado su último disco a su hijo Miguel. ¿Cómo le ha cambiado la vida?

—El cambio es radical, ya me lo decían, mi familia, amigos y muchas personas que tienen experiencia,  que ahora es el doble o triple de trabajo, porque un niño te da mucho que hacer pero me siento muy feliz y es de las cosas mas maravillosas que me han pasado en la vida; mi hijo es, sin duda, mi mejor proyecto.

Argentina

¿Qué espera de la educación para su hijo? ¿Qué valores considera más importantes?

—Yo espero hacerlo lo mejor posible y es algo que me preocupa muchísimo porque hoy en día creo que se está educando de manera equivocada, hoy en un alto porcentaje los niños mandan en los padres, creo que a eso no se le puede llamar buena educación. La sobreprotección está haciendo muchísimo daño al niño y a las familias con el paso del tiempo. Creo que debería de haber obligatoriamente paralelo a cobrar la maternidad/paternidad un curso para enseñar a educar a los hijos, sin que nadie se sienta ofendido, por el hecho de contrastar lo que hay que hacer en situaciones generales con los niños y el tono y las formas de transmitirle los valores por ejemplo, lo digo convencida.

Uno de los valores más importantes para mí es el respeto. El respeto a los demás y el compartir, y yo con la ayuda de su padre, entre los dos, le inculcaremos lo mejor de cada uno, dialogando constantemente con mi pareja que es lo mejor para el futuro del niño.

Tenemos que educar en valores haciendo a la gente autosuficiente con criterio propio, basado en el arte y en el deporte.

¿Le queda a Argentina algo de niña?

—Yo creo que todos seguimos llevando y guardando en un rincón del corazón esa niña o ese niño que alguna vez fuimos; a mí me queda el recuerdo de una infancia preciosa en la que me rodeaba la música que ha sido siempre mi sueño.

Aún sueño que soy una niña y que juego en el recreo del colegio, cantando con mis amigas, en mi barrio y en Galaroza, el pueblo de mi madre, cuando iba los fines de semana las amigas de mi abuela me paraban por la calle y como sabían que me gustaba cantar me pedían siempre que les cantara algo, y yo cerraba los ojos y a cantar lo primero que se me venía a la cabeza.

Pabilo Editorial